sabio
Los niños me enseñan a sonreír, incluso después de haber llorado.
Los ancianos me enseñan a discernir para no ser un desequilibrado.
Los jóvenes me enseñan que la locura le da sabor a vidas insípidas.
Los adultos me enseñan que la cordura va de la mano con acciones intrépidas.
Los árboles me enseñan a dar sombra al cansado, cobijarlo y permanecer de pie.
Las flores me enseñan a inspirar al desesperado, tranquilizarlo y compartirle miel.
Las nubes me enseñan que es bueno tapar el sol para guardar secretos.
El viento me enseña que es pleno viajar y despertar gratos alientos.
El sol me enseña que se debe tener fuerza para brillar después de haber llovido.
La luna me enseña lo agradable que es inspirar al espíritu que ha sufrido.
La vida me enseña todos los días a hacerle el amor.
La muerte me enseña todos los días a vivir sin temor.

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