Camino sobre la hierba fresca
en medio de árboles frutales,
un sol translúcido atraviesa
la capa de los gigantes guardianes;
escucho el cascareo del intrépido Empolo
arrojado por el tobogán que lo dirige a su padre,
Las saetas de Apolo, que al ser disparadas,
cantan en armonía con la creación.
Hera me invita a su aposento,
a tocar su tersa piel humectada por el viento;
siento sus caricias y la inmensidad de su cuerpo.
Zeus siente rabia, se enoja, ¡todo lo destroza,
todo lo aniquila! Me escondo en la boca de Hera;
Busca en el Hades, pero no me encuentra.
Hera, la única que puede calmarlo,
lo besa y el ambiente recobra la tranquilidad
como el guerrero confundido y solaz
que sobrevive a la brutalidad de la humanidad.
Al besarlo, me escurro por sus bocas
hasta llegar al corazón de extremidades cortas,
donde bailo, canto y disfruto sobre rocas:
Zeus siente dolor, sólo dolor…

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