Los caminos bastos de niebla conducen a un lugar colorido de hierba y árboles frutales, tierra virgen que mantiene su pureza gracias a sus agrestes pasajes que conducen hacia ella. Lugar de ecosistema rústico donde las familias son una. Comunidad poca, pero extensa que colabora entre sí para progresar. Sus habitantes jóvenes se trasladan a la selva urbana para ayudar a su comunidad; sólo espero que la mancha capitalina jamás afecte de manera negativa su belleza. Ahí se hallan vestigios de sus ancestros, pirámides escondidas yacen bajo la tierra, ahora ocultas por pequeñas capillas católicas, recintos donde celebran los acontecimientos más importantes del rancho y lugar de reunión de las familias para agradecer a Dios la dicha de estar unidos. Bailes folclóricos que se realizan durante varios días, grandes festines de exquisito sabor que son más que suficientes para los invitados; el refresco de cebada como bebida natural. La quema del “torito” y del “castillo” como atracción pirotécnica. Huaya, lugar místico y maravilloso al cual mi corazón anhela regresar.

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