meditacion

 

La oscuridad es intensa, el silencio abrumador; todos mis sentidos están suspendidos en la nada, todo es tan tranquilo que el estrés, la depresión, el amor, la alegría, etc., han desaparecido.  Sólo encuentro la paz absoluta.

De pronto, una luz más brillante que el sol comienza a entrar en la parte superior de mi cabeza; todo mi ser se limpia poco a poco, mientrás la luz va descendiendo hasta llegar a la punta de mis pies.  Mi cuerpo brilla más que cualquier astro.  La luminosidad recorre el suelo hasta el punto en que se convirte en una fogata color violeta que va consumiendo todo tipo de cosas que me pesaban, hasta que por fin, todo queda en cenizas.

De los restos del pequeño incendio, nace un sacerdote que me guía hacia la verdad.  Repentinamente, mis ancentros me rodean, y danzamos al ritmo de las percusiones, todo se vuelve colorido y el ambiente es maravilloso.

Todo vuelve a ser silencioso, aunque mi ser sigue brillando.  Me convierto en una gota de agua que cae precipitadamente al mar, el cual brilla con más intensidad.  Millones de gotas siguen cayendo.

Comprendo que todos formamos el mar y cada uno de nosotros es indispensable para que se mantenga vivo.

Yo soy uno con todos, y todos son uno conmigo.

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Un comentario en “El nirvana de Plotino

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