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Al dar mis pasos tranquilamente por un parque, se escuchaba a lo lejos la melodía de Primavera, por Vivaldi, junto con la armonía de la música, mi alma se levantaba y volaba; daba un respiro a mi vida. En esos momentos sentía como que nada era importante, absolutamente nada, excepto sentir la naturaleza de ser quien soy.

Decidí cerrar los ojos y pensar en todos los momentos en que llegué a sentirme de esa forma, tantos recuerdos maravillosos, que siendo sincero, no se comparan a los malos. Fué tan grande mi sorpresa al sentir que ya no tenía cuerpo, que podía recorrer los cielos como las águilas y sentir más cerca al astro Rey. Volaba al ritmo de los violines.

Nada se compara con la libertad del alma, con el amor a la vida misma, el amor por uno mismo, y volar por sus propios cielos.

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