Pasos firmes, pero lentos, una mirada penetrante, dirigida a la nada. Únicamente percibo el eco de mi andar, llego a una puerta, entro sin tocar, escucho un ahogado llanto, camino hasta que me percato de la existencia de alguien, de él mana un sonido melancólico, su físico es extremadamente delgado; éste, se encuentra hincado, detrás de una cama, me acerco a él furtivamente; entonces, se para, frenéticamente se dirige a mí, con lágrimas y alaridos me reclama sus debilidades, me jalonea, mientras mi mente esta en blanco, porque se ha perdido mi mirada en la de él, su rostro denota grande amargura, mezclada con desesperación y coraje; su mirada es tan suplicante.  Me da una bofetada y gritando me dice:

-¡Déjame ser libre, ya no actúes, que me conoces mejor de lo que yo me conozco!  

 

 

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